LA ÚNICA COSA QUE TE HARÁ LUCIR MÁS COMO JESÚS

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La iglesia siempre ha sido un lugar de controversia. Todo el mundo tiene una opinión diferente, y la cultura de la iglesia y sus creencias chocan contra las creencias del mundo como dos monstruos en un rally de camiones. Nos hemos aplastados entre nosotros a lo largo de toda la historia, un tira y afloja de ambos lados que luce como en los debates, y el malentendido sólo están consiguiendo que se ponga más feo.

Es un lugar tenso en el que vivimos. Estamos encajonados entre la cultura de la iglesia y la cultura popular, tratando de mantener nuestro equilibrio.

Pero ¿qué hacemos cuando nuestros vecinos de al lado viven de una manera que fundamentalmente entra en desacuerdo con la nuestra? Es difícil saber cómo actuar. O nos hacemos sus amigos y olvidamos su pecado. O mantenemos nuestra distancia y nuestra integridad moral.

Pero esto tampoco sienta bien.

Ahí está la vieja frase, de “ama al pecador, odia el pecado,” pero incluso esto no parece ayudar. Nuestro odio no es conocido especialmente por su precisión, y con frecuencia pierde su objetivo. Tener un pecado que otros odian no te da la sensación exactamente de ser amado.
Entonces, ¿qué hacemos? ¿Cómo amar a otras personas sin olvidar su pecado?

La respuesta no es fácil, sin duda, pero cuando me siento atrapado, siempre echo la vista atrás, para ver la forma en que Jesús hizo las cosas.

Si tuviera que reducirse a tan sólo una frase, el trato que Jesús dio a los demás sería así: Jesús vio a las personas como personas.

Cuando Jesús se encontró con la mujer en el pozo, encontró a la mujer, no su pecado. Él no la vio como una adúltera, o una mujer que había tenido varios maridos. Vió su corazón, sus luchas, sus necesidades, sus deseos más profundos.
Te apuesto que Jesús nunca te diría que comió con pecadores y publicanos.

En su lugar, apuesto que te diría sus nombres, y las cosas maravillosas que Dios ha puesto en sus corazones. Cuando la mujer se acercó y ungió los pies con aceite, Jesús vio a la mujer y su amor, no su pecado.

Aquí es donde creo que más a menudo perdemos la señal. A menudo vemos el pecado de la gente mucho antes de que alguna vez veamos a las personas que hay enterradas debajo de el.

Unos buenos amigos nuestros viven al lado; son una pareja gay. Ellas son las mujeres más amables, divertidas y cariñosas que puedan existir. Pero muy a menudo pienso que nos referimos a las personas que viven de manera diferente a nosotros de la manera que acabo de hacer: “La pareja gay que vive al lado,” en lugar de mencionar sus nombres, o sus historias, o lo grandioso que notamos en ellos cuando nos conocimos.

Jesús modeló tanto por nosotros y a veces puede resultar abrumador tratar de ser un poco como Él. Pero cuando miro a través de las Escrituras, me doy cuenta de una cosa por encima de todas las demás.

Jesús trató a la gente como personas, no como pecadores.

¿Cómo deberíamos implementar esto en nuestras vidas? ¿De qué forma deberíamos conocer a la gente, y mirar a sus ojos, pedir su nombre, y escuchar su historia? ¿De qué forma deberíamos ver a personas por lo que son y no por lo que están haciendo?

Creo que nos gustaría encontrarnos a nosotros mismos siendo mucho más amables, mucho más compasivos, más amorosos.

Por encima de todo, creo que deberíamos encontrarnos a nosotros mismos mirando mucho más con los ojos de Jesús.

Traducción by Elcodigodebarras

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